Xilomancia: hacerse árbol
miércoles, enero 11, 2012 por Lilliana Ramos Collado
Portada de Palo de lluvia
¡Árboles! Italo Calvino diría, en su Barone rampante, que la vida en los árboles es la vida verdaderamente libre, oreada sobre altas copas, rodeada de esa fauna volátil, voladora, que apenas roza la fronda, y de esa otra fauna íntima que muerde la fibra de la madera y la va haciendo nada. Raíz y ala, el árbol es esa estatua que acoge en el seno del sentido esa ortopedia del cuerpo enderezado, esa ambición de anclaje contra el viento, esa esclarecida y elevada ambición de ser techumbre que todo lo protege. Raíz, tronco y rama, Palés decía en su Tun tún, no dicen enteros. Y Clemente Soto Vélez, en su poemario Árboles, nos pormenoriza ese bosque natural como procerato natural, como ejército fundador de futuros o de nuncas.
¿Habrá una literatura sin árboles? Más allá de la hoja de papel, flámula tersa que ondea al viento de la retórica bajo la lluvia de tinta; más allá de los clisés tipográficos y de los grafismos ornamentales; más allá de la plancha xilográfica, que de su negativo imprime un positivo… el árbol está y sin el árbol nada es. Símbolo de la casa primigenia, abrigo proverbial, combustible, arma, herramienta, sin árbol no hay industria, ni técnica ni arte. Sin el árbol, no.
En su Palo de lluvia, Xavier Valcárcel recuesta su argumento de ese denso bosque de símbolos que es el árbol, sinécdoque del bosque. Y lo aprovecha —como árbol y como bosque— para una de las exploraciones más audaces que he leído en la literatura puertorriqueña acerca de la subjetividad de la masculinidad, por una parte, y del escritor, por otra. Si cada árbol es bosque, se aúnan en esa figura la enorme multitud whitmaniana que a su vez tenía su mejor representación en ese difícil binomio “yo y el Otro”, o en ese binomio menos difícil, “tú y yo”. Poema tras poema de Palo de lluvia presentan un sujeto hendido al menos en dos que aprovechan para mirarse, cada cual a su turno, desde adentro y desde afuera. La escisión no es entre adentro y afuera, sino entre el adentro y el afuera de cada uno de los dos que en el binomio se cantan y se lloran.


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